Detectar, comprender y apoyar la dislexia desde diferentes ámbitos
- Lucía Vaquero Díaz

- hace 1 día
- 4 Min. de lectura

La dislexia es un trastorno específico del aprendizaje que se engloba dentro de los trastornos del neurodesarrollo y afecta a la capacidad de leer con fluidez y precisión. Esto implica una dificultad en el reconocimiento de las palabras, en la lectura comprensiva y combinada de los sonidos de una palabra, en la ortografía, en el cálculo y en la lectura ágil, precisa y sin esfuerzo.
Si se rescatan algunos datos se puede resaltar que entre 5% y el 10% de la población escolar en España tiene dislexia, aspecto que ya pone de relieve la importancia del abordaje desde el ámbito educativo. Por su parte, el 65% del fracaso escolar está explicado por algún trastorno del aprendizaje. Estos datos reflejan la necesidad de abordar el problema desde las primeras etapas de la vida de una persona y centrarse en el foco preventivo mediante estrategias y apoyos que logren un aprendizaje efectivo. Esta detección temprana es crucial para prevenir dificultades o problemas secundarios y para facilitar un desempeño académico adecuado.
Es necesario abordar la dislexia desde diferentes enfoques para comprenderla mejor. Estos son; desde el propio niño, desde la familia, desde el colegio y desde los profesionales.
Desde el propio niño la dislexia se descubre mediante las dificultades en la escritura, en la fluidez y precisión de la lectura y en la comprensión de los textos. Estas características tienen origen en una alteración en el procesamiento fonológico y en el reconocimiento de las palabras. Por tanto, es importante señalar que la dislexia no se debe a una falta de esfuerzo ni motivación por parte del niño, sino a unas diferencias en la forma en que el cerebro integra y procesa la información escrita. En la dislexia existe una base genética, pero hay factores ambientales que modulan la expresión de estos síntomas y, por tanto, hay que darle importancia también al contexto psicosocial.
A menudo puede asociarse con otros trastornos como el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH), ya que entre el 20% y 30% de ellos tiene dislexia, el Trastorno Específico del Lenguaje (TEL), ya que el 50% de las personas con dislexia lo posee, el Trastorno de Conducta, la ansiedad o la depresión. Esta coexistencia de dos o más problemáticas dentro de una misma persona se denomina comorbilidad y complica el establecimiento de un diagnóstico adecuado. Esto implica el desconocimiento de la sintomatología nuclear, del problema principal y, como consecuencia, dificulta la intervención y la priorización de un tratamiento frente a otro.
Para el niño la dislexia implica un esfuerzo continuo para seguir el ritmo escolar y repercute en la autoestima, en la ansiedad, en la frustración, etc. Es importante que el niño reciba un adecuado apoyo emocional, herramientas adaptadas a su manera de aprender y estrategias dirigidas a reforzar su confianza y su autonomía.
Desde el ámbito familiar es importante crear un espacio en el que el niño sienta apoyo y comprensión. Para ello se necesita que el entorno del niño sea conocedor de lo que es la dislexia y lo que implica, aprenda a identificar los signos y síntomas tempranos, se establezcan rutinas que ayuden a la organización del niño, se fomenten estrategias de estudio adaptadas, se refuercen los logros del niño, se les ayude a gestionar el tiempo, a organizar sus tareas y a evitar distracciones. Todo ello fortalece la autoestima del niño, entre otros aspectos. Es importante resaltar que la familia no debe asumir el papel del docente (pero si debe mantener comunicación con el centro escolar) sino que debe acompañar al niño en su desarrollo y proceso educativo.
La falta de conocimiento en el entorno familiar puede generar estrés. Para evitarlo, es conveniente que los padres reciban información clara sobre el diagnóstico y las estrategias de intervención.
Es importante, por parte de la familia, del colegio y de los profesionales detectar a tiempo los signos de alarma. Algunos de ellos pueden ser los problemas en el aprendizaje de nombres y sonidos, en la pronunciación, en el reconocimiento de palabras comunes, en la adquisición de vocabulario, en la comprensión del lenguaje, en la lectura o en las rimas.

El papel de los profesores, desde el ámbito educativo, es crucial para esta detección e intervención. Es necesario que observen las dificultades del alumno y adapten la metodología de enseñanza para facilitar su aprendizaje. Esta adaptación incluye el uso de la repetición de información, el uso de instrucciones claras y secuenciadas, el empleo de materiales visuales y auditivos, el uso de la tecnología para convertir el texto en audio, proporcionar más tiempo en los exámenes y las tareas, dividir las actividades en pasos más pequeños, utilizar métodos multisensoriales, fomentar la lectura en voz alta o la elaboración de resúmenes de textos que le resulten interesantes al alumno. Estas estrategias pueden mejorar, facilitar el aprendizaje y fomentar la confianza, así como crear un entorno seguro que reduzca el estrés, la ansiedad o el miedo al fracaso.
Desde el enfoque de los profesionales, es necesario tener un diagnóstico preciso y contar con una intervención adecuada. La evaluación del problema debe contemplar los factores de riesgo, los antecedentes familiares y la presencia de otros trastornos del neurodesarrollo. Aunque hoy en día está abierto el debate sobre quien debe realizar el diagnóstico definitivo, si el pediatra, el neurólogo o el orientador del centro educativo, lo importante es que se dé una comunicación fluida entre los profesionales implicados. Por lo que respecta a la intervención, esta debe ir dirigida hacia el trabajo en la conciencia fonológica, la fluidez lectora, la narrativa, la memoria secuencial, la adquisición de vocabulario y la comprensión de los textos a través de herramientas validadas y adaptadas a cada caso en particular. Los profesionales de este ámbito también deben aportar información, formación y apoyo a las familias y a los centros educativos para asegurar que el niño recibe el soporte necesario. Es necesario el conocimiento y uso de la tecnología y metodologías inclusivas para facilitar el aprendizaje sin impedimentos.
Combinar la identificación temprana del problema, las adaptaciones en el entorno educativo y un entorno familiar sostenedor genera en la vida del niño la seguridad y oportunidad para desarrollar su potencial y mejorar su calidad de vida.
Beatriz Martínez García
Psicóloga





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