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Neuropsicología de las adicciones y su impacto sobre la memoria, atención y control inhibitorio

  • Foto del escritor: Lucía Vaquero Díaz
    Lucía Vaquero Díaz
  • 1 mar
  • 6 Min. de lectura

Antes de entrar en el terreno de la neuropsicología de las adicciones es importante preguntarse, ¿qué es concretamente una adicción? Realmente, lo primero que se viene a la cabeza ante este término podría ser el consumo de alcohol, tabaco u otras drogas. Sin embargo, las adicciones van más allá de este tipo de sustancias y abarcan también otro tipo de comportamientos como el juego compulsivo online o en casinos, el uso excesivo de videojuegos, las compras compulsivas, etc.


Los expertos hacen esta división y hablan en términos de “trastornos relacionados con sustancias” y “trastornos no relacionados con sustancias”. Los primeros hacen referencia a aquellos trastornos que abarcan distintas clases de drogas que alteran el funcionamiento normal del cerebro y crean una necesidad de consumo difícil de controlar, como pueden ser el alcohol, el cannabis, los estimulantes, los sedantes, el tabaco o los alucinógenos, entre otros. Los segundos hacen referencia a las adicciones sin sustancia o también conocidas como adicciones comportamentales.


Aunque hoy en día se le llama “adicción” a aquellos problemas graves relacionados con el consumo habitual de sustancias y a multitud de conductas, los organismos de salud únicamente reconocen en estas últimas el juego patológico, el trastorno por uso de videojuegos y el trastorno por juego de apuestas.


Un aspecto que tienen en común ambos tipos es que activan los mismos sistemas de recompensa del cerebro. Esto quiere decir que, ante la realización de una conducta que resulta gratificante, el cerebro libera dopamina (una sustancia que hace sentir bien) de manera natural. Sin embargo, si dicha conducta se repite una y otra vez, el cerebro se acostumbra y cada vez necesitará mayor intensidad para sentir el mismo nivel de placer. Con el paso del tiempo este bucle puede llevar a una persona a perder el control sobre la conducta y a descuidar otros aspectos importantes de su vida, llegando a generarle problemas.


¿Qué diferencia un hábito de una adicción? Los expertos señalan que se trata de adicción cuando, entre otros aspectos, el consumo provoca deterioro o malestar mantenido en el tiempo, cuando se produce, con frecuencia, en cantidades y tiempo mayores de las previstas, cuando se produce un deseo constante por su consumo, cuando se lleva a cabo un comportamiento de juego recurrente y por encima de otros intereses, cuando se tiene poco control sobre la conducta o cuando se continúa con ella a pesar de las consecuencias adversas.

Una investigación sobre las carencias en las funciones ejecutivas (aquellas que permiten a una persona planificar, organizar, tomar decisiones, resolver problemas o controlar impulsos) de personas con adicciones, remarca la importancia de la neuropsicología para dar respuesta a los problemas de memoria, atención y funciones ejecutivas de dichas personas y pone énfasis en seguir realizando estudios para mejorar las evaluaciones y los tratamientos en esta población.


Por tanto, desde la neuropsicología se han identificado diferentes déficits cognitivos asociados a las adicciones. Un aspecto importante para señalar es la distinción entre la cognición “caliente” y la cognición “fría” que señalan Savulich y sus colaboradores en su estudio sobre nuevas drogas o también conocidas como “drogas de diseño”.

-        La cognición “caliente” está cargada de emociones y se relaciona con la impulsividad y las conductas de riesgo.

-        La cognición “fría” se asocia con la memoria, la atención y las funciones ejecutivas.


Se ha demostrado que los consumidores de drogas presentan una mayor cognición “caliente”, lo que los lleva a tener mayores niveles de impulsividad, de búsqueda y de apertura a nuevas emociones y experiencias, así como mayor tendencia a ejercer conductas de riesgo en comparación con personas sanas. A su vez, presentan un déficit en la cognición “fría”, plasmado en problemas de memoria episódica (memoria sobre eventos de la vida de uno mismo), dificultades en la inhibición de respuesta (capacidad para detener acciones), en la capacidad de autocontrol y un deterioro en las funciones ejecutivas.


Existen diferentes estudios que tratan los distintos tipos de drogas. A continuación, se presentan algunos de ellos.


Cannabis:

En un estudio en el que se investiga la capacidad del cerebro para aprender, recordar información, pensar, resolver problemas, etc. en jóvenes con adicción al cannabis se encuentra que existen dificultades en la memoria visual y episódica, junto con problemas en la toma de decisiones arriesgada. Estos resultados tienen más relevancia en aquellos individuos cuyo inicio del consumo de cannabis se encuentra en edades tempranas en las que todavía no se ha consolidado el desarrollo cerebral. Estos déficits se pueden observar a través de escalas neuropsicológicas o técnicas de neuroimagen como la resonancia magnética funcional que permite identificar qué áreas del cerebro se activan frente a diferentes tareas.


Alcohol:

Estas consecuencias neurocognitivas de las adicciones también se han estudiado en el alcohol. En una investigación se indican que las redes neuronales implicadas en la capacidad empática se ven alteradas en las personas con alcoholismo. Tanto durante el consumo como en periodos de abstinencia se pueden experimentar déficits en la empatía que no se recuperan completamente una vez pasada la adicción, lo cual indica la existencia de un deterioro permanente en las redes cognitivas subyacentes a esta capacidad.



Adicción al trabajo:

Desde el punto de vista de las adicciones conductuales (sin sustancia), se han encontrado impactos neuropsicológicos similares a los de las adicciones con sustancia. En un estudio sobre la adicción al trabajo se encuentra que este tipo de adicción repercute en la inhibición y la memoria de trabajo, que es aquella que se utiliza mientras se hace una tarea, como por ejemplo recordar un número de teléfono mientras se marca. De esta manera, las personas adictas al trabajo reflejan un peor control inhibitorio en las respectivas tareas, lo que se traduce en conductas laborales compulsivas. Por otra parte, reflejan una peor habilidad para manipular información en periodos cortos de tiempo, lo que podría afectar a la toma de decisiones y a la planificación del entorno laboral.


Adicción a las tecnologías:

Otro estudio aborda el impacto del abuso de las nuevas tecnologías en la población infantil y juvenil. En él se encontró que los adolescentes con un uso elevado de dispositivos electrónicos tenían dificultades a la hora de mantener la atención y concentración. Además, estos jóvenes presentaron niveles altos de impulsividad en la toma de decisiones, lo que afecta de manera negativa al rendimiento académico y a su bienestar emocional, favoreciendo síntomas de ansiedad y depresión.

En términos generales, las adicciones afectan a los procesos cognitivos y funciones ejecutivas tales como la impulsividad, el control inhibitorio, la memoria y la atención. Estas consecuencias no solo se limitan a las adicciones con sustancia, sino que también se observan en las conductas adictivas y por eso se necesita incluir las adicciones conductuales bajo los mismos criterios que las adicciones con sustancia ya que ambas revelan alteraciones en las mismas habilidades cognitivas y emocionales.

Desde la neuropsicología se resalta la necesidad de establecer intervenciones terapéuticas acordes a las necesidades individuales de cada persona y por ello es necesario seguir investigando en esta línea con el objetivo de incrementar el conocimiento, mejorar los métodos de evaluación y favorecer la inserción social temprana de las personas con este tipo de adicciones.

 

 

Referencias bibliográficas:

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Beatriz Martínez García

Psicóloga

 
 
 

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